Al final, quedé yo.
Querida mamá:
A veces me pregunto cómo llegué hasta aquí.
Porque si tuviera que explicar quién soy, probablemente necesitaría más de una respuesta.
Soy contadora de profesión.
Estudio psicología.
He trabajado y aprendido en el mundo de los proyectos sociales.
Soy mamá.
Soy emprendedora digital.
Escribo.
Creo libros.
Diseño talleres.
Creo experiencias.
Y, últimamente, también hablo mucho de dinero.
Si alguien mirara todo eso desde afuera, quizá pensaría que son demasiadas cosas.
Y puede que tenga razón.
Durante mucho tiempo yo también las veía como caminos separados.
Pero la vida tiene esa manera extraña de mostrarnos después lo que en el momento no alcanzábamos a entender.
Ser mamá me enseñó a mirar la vida desde otro lugar.
A escuchar lo que no siempre se dice.
A reconocer mis propias heridas.
A preguntarme qué historias heredamos, qué creencias repetimos y qué lugar ocupa el dinero en todo eso.
En ese camino aprendí a mirar hacia adentro.
A perdonar.
A soltar.
A reconciliarme con partes de mi historia.
Y algunas de esas pausas que primero fueron para mí se convirtieron en palabras.
En libros.
En experiencias.
En herramientas que hoy puedo compartir.
Después llegó la psicología.
Y los proyectos sociales.
Y una nueva manera de mirar al ser humano.
Comprender antes de juzgar.
Escuchar antes de enseñar.
Y acompañar sin pretender tener todas las respuestas.
Mientras tanto, el dinero seguía ahí.
Y quizá siempre había estado.
Durante años lo miré desde los números.
Desde las cuentas.
Desde mi profesión de contadora.
Pero la vida me enseñó que el dinero también tiene historias.
Tiene creencias.
Herencias.
Miedos.
Deseos.
Silencios.
Y entonces empecé a preguntarme qué pasa con nosotras cuando nuestra relación con el dinero no tiene que ver solamente con cuánto entra o cuánto sale.
¿Qué pasa cuando sabemos administrar una casa, cuidar hijos, resolver problemas y sostener a todo el mundo, pero no sabemos cuánto necesitamos para sostenernos nosotras?
¿Qué pasa cuando queremos emprender, pero algo nos detiene?
¿Qué pasa cuando queremos ganar dinero, pero llevamos años creyendo que ciertas cosas no son para nosotras?
Por eso hoy hablo de finanzas conscientes.
Y de emprender.
Porque activar nuestra economía no es solamente aprender a ganar dinero.
También es atrevernos a mirar lo que nos ha detenido.
Descubrir lo que sabemos hacer.
Reconocer lo que ya tenemos.
Y comenzar a crear nuevas posibilidades.
Y quizá por eso todo esto terminó encontrándose.
La mamá.
La mujer que escribe.
La estudiante de psicología.
La profesional de proyectos sociales.
La contadora.
La emprendedora digital.
La mujer que también ha tenido que aprender, desaprender y volver a comenzar.
Todas caben aquí.
Y de todas ellas nace este camino.
Una escuela de emprendimiento.
Pausas conscientes.
Libros.
Regalos.
Encuentros.
Experiencias.
Conversaciones alrededor del dinero.
Ideas que alguna vez parecían una utopía y que hoy apenas empiezan a ser semilla.
La semilla de una creadora de posibilidades para mamás que desean activar su economía.
Y entonces pienso en aquello que decía Steve Jobs: que los puntos solo pueden conectarse cuando miramos hacia atrás.
Quizá eso es lo que estoy haciendo ahora.
Mirando hacia atrás.
Y viendo que aquello que parecía un salpicón de cosas tenía un hilo.
Uno que yo no podía ver mientras lo estaba viviendo.
Y después de tantos caminos, tantos aprendizajes, tantos cambios…
solo podría decir que quedó Olga Elena.
La que ha cambiado.
La que ha tenido que empezar de nuevo algunas veces.
La que ha aprendido cosas que nunca imaginó que iba a aprender.
La que todavía está estudiando.
La que todavía se equivoca.
La que todavía se hace preguntas.
Pero hay algo que, por mucho que cambie, permanece intacto.
Las ganas de crear.
De escribir algo que diga lo que otra mujer no sabía cómo decir.
De convertir una idea en una experiencia.
De convertir una experiencia en una herramienta.
De abrir una conversación que quizá hacía falta.
De crear una posibilidad donde antes parecía no haber ninguna.
Y también está el tiempo.
Ese que de repente parece correr.
Ese tic tac que quizá antes no escuchábamos tanto.
Y que ahora, algunas veces, nos recuerda que no tenemos todo el tiempo del mundo para dejar para después eso que queremos hacer.
Así que aquí estoy.
Con todo este salpicón de historias, aprendizajes, preguntas, números, palabras, libros, pausas y proyectos.
Sin haber encontrado una sola palabra que explique todo.
Pero quizá ya no la necesito.
Porque después de tantos puntos que se fueron uniendo…
quedé yo.
Olga Elena.
Y desde aquí nace Te regalo una pausa.
Una pausa para respirar.
Para liberar.
Para aprender.
Para crear.
Y para comenzar a activar tu economía…
desde un lugar más consciente y más tuyo